Economics

It's a battle of the ideas. Watch. Read. Be critical. Argue. Figure things out.

Teaching

It's more important to teach how to think than what to think.

Cooperació internacional

Des de la solidaritat, l'estima i el respecte entre els pobles i les persones.

Technology teaches

Tech tools that help us teach... and learn.

Londres no és Itaca

Però ha d'estar en el camí.

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dimecres, 17 d’abril del 2013

Manual de guerrilla para sobrevivir a los modales ingleses

Son muy corteses. Extremadamente corteses. Para cualquier forastero sensato pueden parecer demasiado corteses. Atendí al público en el centro de Londres y aún hoy tengo que hablar por teléfono a diario con cockneys descontentos y, aunque la clientela es variopinta, he aprendido que cuando me enfrento a un verdadero gentleman (o lady) inglés tengo que pasar a Modo Cortesía Masiva. No es extraño verte inmerso en un bucle de thankyous y sonrisas del que tienes vagas nociones de cómo ha empezado y del que definitivamente no tienes ni idea de cómo salir. En una transacción sencilla de menos de 30 segundos puedes fácilmente contar ocho o diez thankyous... por cada parte. Para una persona normal, con una educación continental media, puede ser desorientador y es difícil seguir el ritmo sin sentir que se está incurriendo en algún tipo de pantomima. No es el caso, os lo prometo, son así. Y, de hecho, no corresponder al tornado de pleases, thankyous y welcomes puede ser considerado muy rude. Así que he pensado que os pueden interesar unos consejos, y un análisis más detallado del fenómeno. Primero, dos consejos básicos: acabe como acabe la frase que hayas dicho, siempre puedes (y debes) añadir un thankyou al final. Incluso aunque la frase acabase con un agradecimiento, puedes decir thank you, thank you, no pasa nada. Está bien. Las preguntas, si son indirectas, mejor. Nada de preguntar a quemarropa, así a lo bruto. Mejor empiezas la frase por "I was wondering if..." o algún otro subterfugio que te permita preguntar sin signo de interrogación. Como sin molestar.


Pero no te dejes engañar: son corteses, pero son humanos, así que han desarrollado estrategias, matices imperceptibles en la entonación, gestos sutiles, que les permiten ser extremadamente bordes cuando el cuerpo se lo pide, eso sí, manteniendo la compostura y flema británicas. He descubierto que el inglés es el único idioma del mundo (hasta donde llega mi, por otro lado escaso, bagaje lingüístico-cultural) donde "Thank You" puede querer decir "eres tonto" y "I am sorry" puede perfectamente significar "que te follen, zorra". Sería algo así: "I have told you the black one. Thank You." Profundicemos en el detalle, porque el texto llano y escrito no refleja fielmente todo el proceso: Se debe hacer enfatizando y ralentizando la entonación en "the black", para que se note que el otro es medio lelo y no había entendido a la primera, y escupiendo el thank-you lentamente y desde el paladar, levantando ligera -pero perceptiblemente- el labio superior y  pegando dos pequeños y firmes cabezazos afirmativos al final de la frase, uno por sílaba. El labio superior se deja arriba el tiempo que consideremos necesario, hasta que el lenguaje no verbal del interlocutor nos diga que definitivamente ha entendido el insulto. El susodicho nos puede contestar entonces: "I know, madam/sir, though I have no black ones left, I am sorry." En este caso conviene acentuar también el I am sorry y ladear ligeramente la cabeza, alejando la barbilla, hasta mirar al contrincante -verbal- desde un solo ojo, e incluso arquear las cejas y apretar los labios mientras se levanta una -y solo una- de las comisuras de los labios (yo recomiendo la más alejada). Si se siente uno inspirado puede incluso finalizar el escorzo encogiéndose de hombros. La conversación, pues, se podría traducir por: "que te he dicho que el negro, mongol". "No quedan, te jodes.".


Lo importante es mantener la compostura. Un please o un thank you al final de cada frase, o los dos a la vez. Mejor los dos a la vez. No inmutarse por insultante que parezca la interacción. Si te cargan mucho conviene recordar que la inglesa ha sido, de lejos, la metrópolis más cruel de la historia universal, desde la guerra del opio en China hasta los nativos americanos, pasando por media África y el inmenso subcontinente Indio, por no hablar de irlandeses, escoceses, galeses, cien años contra Francia, la batalla de Trafalgar, Margaret Thatcher y el sistema financiero mundial. Así que contrólate, sonríe y da las gracias. Por si acaso.

dissabte, 15 de setembre del 2012

Seven-up

Esto vendo. La double-choc es una verdadera jartá de chocolate.
Tres semanas, 3, sin escribir nada en el blog, voy a ponerme que lo mismo estoy perdiendo lectores porque se me mueren de viejos. Ya hace más de un mes que trabajo a jornada completa en una pastelería belga, la Patisserie Valerie, que ni es belga ni nada, es que a la señora londinense que la montó le gustaban los pasteles del continente y le repugnaba la comida inglesa. Normal. Es otro trabajo de hostelería pero es mejor en varios aspectos: 1) jornada completa, sueldo -raquítico- completo. 2) Los mánagers son majos y el ambiente laboral es distendido. Cuando no hay ostias por la rota o las tips, claro. 3) Pasteles y bocatas gratis, y además me dan de comer todos los días. Lo que sería ingresos en especie. Regrettably es igual que el anterior en otros aspectos, a saber: 1) sueldo mínimo (6,08£ por hora, impuestos a parte), 2) trabajo rutinario y alienante en el que no se hace uso de mi educación ni capacidades (si las hubiere) y 3) lento avance del inglés porque hay no uno, ni dos, ni tres, sino TRES castellano-hablantes en el staff, mierda. Salvo en lo referente a pastries, slices, cafés y encargar-por-teléfono-una-tarta-de-cumpleaños-para-mañana-pero-que-no-lleve-chocolate-y-me-cambias-el-adorno-y-no-las-hacéis-más-grandes-y, que ya soy proficient en el tema.

No he podido postear hasta ahora porque trabajo mucho y, más relevante, porque estoy en la tercera fase del proceso de selección de un trabajo para una charity del que ya escribí hace algún tiempo, cuando estaba en la segunda fase, y que me ha ocupado todo el puñetero tiempo libre de las últimas dos semanas. Esto es peor que un cásting de esos de estrellitas efímeras, pero recemos a Marx o a la deídad que creamos que puede ser susceptible de ayudar para que acabe saliendo bien, hopefully, porque eso sí que sería una mejora. Esta tercera fase ha sido exigente, y el tiempo que he tenido para resolverla esquifit, esperemos que haya funcionado. Si así fuera os contaré con más detalle la fase. De momento cruce de dedos. Habiendo cumplido con la liturgia de lo aburrido, os cuento las cosas que pasan, que molan más:


Lo recomiendo fervorosamente
Venía por la calle hacia casa, previa parada en el off-license del barrio, y me he cruzado con una señora de unos sesenta años que corría despacito. Movía los brazos de una manera extraña, balanceándolos alternativamente con los codos hacia fuera, y miraba fijamente al frente, eso ya era raro, pero lo verdaderamente curioso es que corría muy despacio, como a cámara lenta. Me ha quedado la duda de si perdía el autobús o hacía deporte de mantenimiento. Nada que merezca más de dos segundos de atención en Londres, though, espero que para estas horas ya haya llegado a donde fuera que corría. En el trabajo también pasan cosas raras. Una tía joven, no más de 30, chistándome desde la calle, medio asomada a la puerta, pero sin pasar el umbral. Psss. Psssss. Me asomo. Madam. Y me pregunta la tía, en un susurro: ¿No vais a poner la ropa de mesa hoy? No señora, aquí nunca hemos puesto manteles. Ni siquiera tenemos. Encaja la cabeza entre los hombros, mira a ambos lados de la calle y en un tono aún más confidencial me dice ¿Y el domingo, la vais a poner el domingo? Valeeee, este, creo que se me está enfriando el helado, eh, ahora la atiende otro. Pero no os creáis que solo los clientes están tróspidos. En la pastelería hay table service, o sea que hay camareros que atienden en las mesas, toman la orden, la envían a los camareros de detrás de la barra, estos la preparan y aquellos la sirven. Sabéis la bebida 7up, ¿no? como el Sprite y eso. Bueno, imaginaos el camarero del floor llegando a la barra y en la mesa de las comandas siete seven-up esperando... Wait! siete seven-ups? ¿En serio? ¿siete seven-ups?.............................. Cri-cri. Cri-cri.

Perdonad la calidad pero mi móvil de noche es una mierda. Solo hubiera sido mejor atada directamente al cartel :)

Por desgracia no es siempre tan divertido, el trabajo se hace monótono a veces y el reloj un remolón de tomo y lomo. No pasan las horas. Cuando vuelvo a casa me encuentro a Andrius, mi compañero de piso lituano y uno de los pocos amigos de verdad que hemos hecho en estos ya casi 4 meses por aquí, me saluda what's the crack? y me pregunta, todo esperanza en la mirada: ¿Tortila? (Así, con L). Vale, hacemos una tortilla de patatas para todos, tú pones las patatas y la cebolla y yo 15 huevos (es que son enanos los huevos ingleses, deben tener gallinas raquíticas). Andrius es tímido y noble, un poco chapado a la antigua, old-fashioned dice él con un deje de orgullo post-soviético y pro-yanqui, pero con muy buen fondo. Un buen tipo. Luego está Matteo, que es un chaval italiano, delineante de estudios y chef en el mundo real y que la semana que viene nos abandona para irse a Australia un año. Yo le llamo el tube-hunter, porque siempre viene con historias de las chicas es-pec-ta-cu-la-res que ha conocido en el metro, ha acompañado hasta dos o tres paradas más allá de la nuestra y ha despedido en el anden, mientras ellas, probablemente, se van con el culo un poco más gordo a no-contárselo a sus novios. Y luego, claro, Matteo cambia dignamente de anden a coger el mismo metro de vuelta a casa, alone, pero contento. To be honest, solo tengo cosas buenas que decir de ellos, la verdad, pero no nos engañemos, los halagos no dan risa. Un poco de choteo cariñoso, en cambio, siempre es muy sufrido: Por ejemplo, ambos tienen verdadera fe fanática en un libro para ligar. Uno de esos de auto-ayuda, márqueting baratujo e indigno, ya sabéis. De esos tipo quién me ha robado mi queso. Seguramente se titule Es fácil fruncir, si sabes cómo. Les he intentado explicar que algo está intrínsecamente mal si ligan siguiendo los consejos de un libro, pero no los convenzo, oye. Luego está Maeva, una chica francesa jovial y de espíritu mediterráneo, a la que llevamos medio verano echando de menos porque se lo está pasando bomba en Barcelona, la muy maldita. Barcelona es su segunda casa (tercera, si lo piensas dos veces). Habla castellano muy bien, inglés un poco menos y francés no sé, porque no controlo. Perfecto, me imagino, que pa' eso es gabacha. La cuarta moradora de la casa no se merece ni una línea del blog, siempre tiene que haber algún atontao en todos los pisos compartidos. Muy anti-persona. Pasamos de honrarla en la historia. ¿Se nota que me cae mal?

Así va el partido, con más de 100 días transcurridos. Seguimos empate a cero. Por lo menos ambos tenemos empleos que aunque no sean para echar cohetes (nótese el eufemismo), sí sirven para pagar la renta, y el inglés mejora, indeed. Esperemos que alguien meta un gol. Si no, siempre será mejor que estar en casa metiendo currículums en saco roto y jugando al póker por internet. Vamos, digo yo.

Ah, se me olvidaba dar las gracias a los dueños de los Hedge Funds, a la Mérkel, al Zapa, al Taniano, a los constructores y a los ricos en general, que gracias a ellos la gente no tiene trabajo pero en cambio tiene tiempo de leerse blogs insustanciales como el mío y ya llevamos más de 2000 leídas. Mooooolaaa. Les enviaré un pastel de goma-2. Con un lacito.

dilluns, 20 d’agost del 2012

Kill all the bacteria!


Como tengo menos tiempo (y fuerzas) para escribir os dibujo una escena corta, casi una foto (quiero puntualizar que el hecho de que intuya que se agradezca por parte del sufrido lector no tiene nada que ver: ni una concesión al márqueting, faltaría más, yo soy un artista):

Sí, sí, cinco estrellas, sí.
Imágenes de mi primer empleo miserable en Londres. Sinopsis - Un hotel de cinco estrellas es un sitio limpio y fiable donde puedes comer tranquilo un plato por un precio ridículamente abusivo, ¿no? Escena - Una sala de eventos modernamente decorada y llena de casetuchas de esas de arquitectura efímera, todo poliuretano y pegatinas de vinilo con eslóganes ocurrentes. Como veis al fondo hay un ventanal que ocupa toda una pared con una vista prescindible del tráfico de Londres, las mesas son funcionales pero suntuosas y el suelo es de moqueta. Se celebra un congreso (digamos que de contenido indeterminado) y el lugar está todavía desierto. Ahora imaginaos el backstage, lo que no ve el público. Pasad por una  doble puerta batiente y veréis, ya sin parafernalia ni letras sofisticadas, un pasillo larguísimo que comunica la sala con una cocina inmensa, para cientos de comensales. Apoyadas contra la pared hay unas estanterías metálicas y anchas llenas de platos, vasos y cubiertos limpios, recién salidos de los lavavajillas industriales. También se acumulan contenedores de plástico de distintos tamaños, grises o blancos, con más platos de postre, de café, jarras, tenedores. Son las ocho de la mañana y los cocineros se hacen bromas en algún idioma eslavo mientras un manojo de camareros se dedica al polishing del que ya os hablé en capítulos anteriores. Si os fijáis estoy yo sentado en un cajón, dándole al trapo húmedo como un buen soldado. Estoy con un húngaro bendecido con una calva de padre y un tipo de Manchester, cuya madre claramente fumaba durante el embarazo. Crack, fumaba. Sentaos a nuestro lado, con legañas como panes de pueblo y observad esto: Entra uno de los managers del servicio, acelerado, coge una botella de desinfectante industrial: el líquido es rosa fosforito, en la etiqueta hay pequeños cuadrados negros y naranjas con letras blancas, teléfonos de emergencia en caso de ingesta involuntaria y una equis amarilla bastante grande. Es un producto de limpieza de los que puedes elegir entre ponerte guantes o quitarte la piel poco a poco, porque además es corrosivo. En la etiqueta pone: usar con guantes. También pone: aclarar abundantemente con agua, comprobar el efecto en una pequeña parte de la superficie que no se vea antes de aplicarlo de manera general. Lo empuña y con una risa maléfica rocía todos los platos, todos los vasos y todos los cubiertos al grito de kill all the bacteria, kill all the bacteria. Ala, y vosotros a pulir el instrumental que ahora ya está húmedo sin necesidad de agua caliente. Quizá deba insistir en el detalle de que esos son platos limpios, que ya han pasado por el lavavajillas y que no van a volver hasta que los huéspedes los hayan vuelto a ensuciar despreocupadamente.


el post visto por @SaraMarcos4. Eres grande, chica.


Vale, vistas así dan asquete, pero, ¿estamos todos locos?
A ver, my friend, pedazo de hotentote, las bacterias son unos simpáticos microorganismos que viven por millones en tu cuerpo sin molestarte especialmente y que, de hecho, necesitas para muchos de los procesos digestivos. En todo caso no se me ocurre qué bacterias potencialmente dañinas pueden salir vivas de un lavavajillas industrial. Pero no, mejor matemos a las bacterias llenando los vasos y los platos de plomo, metales pesados, ácidos de nombres heptasilábicos... luego pongamos alguna delicatessen con, por ejemplo, salsa de arándanos y alentemos a los comensales a que mojen pan en tu desinfectante industrial y se lo beban en el café. Así podemos seguir la acción corrosiva y desinfectante desde dentro de los clientes, que la calidad del hotel les acompañe hasta la tumba. Literalmente. Eso sí, bacterias ni una, oiga. Yo por mi parte voy a comer en un plato de papel, gracias.


dijous, 5 de juliol del 2012

A Waiter's Friend

Vaya por delante que tanto Rosa como yo tenemos ya trabajo en Londres, lo que explica que haya tardado tanto en gestar y parir este post. Lo digo por si alguien se pensaba que estábamos mendigando en las calles y, lo que es peor, sin conexión a internet. Nada de eso. Es solo que tengo agujetas en las pestañas y no se me hablan las neuronas.


Rosa ha encontrado trabajo en la empresa Costa Café, una floreciente e industriosa corporación dedicada, bueno, a vender cafés. Pero no os penséis que son cafés cualquiera, no, hay tropecientos tipos de café, fríos, calientes y con madalenas. Tienen incluso su tarjeta de fidelización de clientes y canales de venta por internet, en conclusión: un emporio del otro oro negro. Al parecer la rotación de trabajadores da una media de unas pocas semanas de antigüedad, así que ella está en el camino de liderar el barco en breve, o algo así. La verdad es que para más detalles tendría que ser ella la que os cuente, porque a mí me sabe mal hacer bromas por otros y si lo que queréis es simple, burda y aburrida información sesgada comprad el periódico, chatos.



Yo por mi parte voy a hacer chufla ampliamente de mis primeros escalones en la carrera laboral londinense, porque, total, tampoco es cuestión de amargar la vida al eventual lector y porque la verdad es que me he reído bastante últimamente. Lo primero, esos que dicen que llegas a Londres y pillas curro, mienten como bellacos. Los que dicen que es difícil encontrar trabajo en Londres mienten como bellacos. In medio stat virtus que dijo algún romano timorato y copión -Porque, en realidad, se cree que lo dijo Aristóteles, pero si os escribo μέσον τε καὶ ἄριστον igual os pensáis que os he infectado el explorador y no es el caso. De momento.

Recomanació del Major als ciclistes. A València seria Pay Back. 
Res a vore amb el post però m'ha fet gràcia l'anunci
La realidad de nuestra experiencia, tres semanas tardó Rosa y yo, que soy más vagancio por naturaleza, cuatro, es que si cumples tres sencillas condiciones encuentras trabajo aunque, definitivamente, no en un día, a saber: 1) Habla algo de inglés antes de venir. Si no hablas nada o hablas lo que tras los Pirineos se llama inglés nivel medio quizá encuentres algo de dish-washer o de kitchen porter o, en general, de cleaning. Pero te costará porque necesitas explicarte, al menos, al nivel de que entiendan qué es lo que coño quieres ahí plantado en la puerta del restaurante con esa sonrisa esperanzada y bobalicona. 2) Acepta cualquier trabajo. Menos de puta, si no te va especialmente la marcha -de todos modos es un sector que no he conocido, ni en el sentido bíblico ni en el prosaico, así que no os puedo orientar- pero trinca lo que te ofrezcan porque un puesto "de lo tuyo" puede tardar meses, años o eones, según el perfil. Son muy suyos los brits. Y en todo caso, seamos realistas, ¿te has fijado alguna vez en qué trabajan los inmigrantes en tu país? Ajá, lo vas pillando. y 3) Mueve el culo y echa CVs con garbo. Claro, desde tu casa como que no -si bien es cierto que tanto Rosa como yo lo hemos conseguido contestando a ofertas en Gumtree- pero las posibilidades son directamente proporcionales a las ampollas que acumules en las plantas de los pies, y a lo que se vayan borrando por desgaste las letricas del teclado de tu ordenador.


Yo conseguí el trabajo en una agencia que provee de camareros por horas a hoteles de cuatro y cinco estrellas, generalmente para convenciones, cenorrios y cosas de esas, donde hay que servir a, digamos, setecientos comensales en diferentes puntos de embriaguez (algunos peligrosamente cerca de los puntos suspensivos), y por lo tanto el personal permanente no da de sí en tiempo y forma. Lo primero fue responder a la oferta con un CV semi-tróspido, porque el tróspido XXL me daba un poco de apuro, y recibir un sms (un text dicen los ingleses, que también lo usan como verbo: I text you!) convocándome a selección. Allí, con un gruñido, me indicaron que les rellenara una application form en la sala contigua. La susodicha solicitud era, en realidad, un examen de camarerosidad, si me permitís el neologismo, y tenía preguntas que habrían hecho las delicias de nuestro amigo Dani, camarero vocacional donde los haya -si es que los hay en algún sitio. Eran del tipo: ¿cómo se abre una botella de champán? "En una boda rusa sobre el cráneo del novio o entre las nalgas de la novia indistintamente"; ¿Cómo colocarías estos cubiertos -cuttlery- en la mesa? "¿mande? De dentro pa' fuera, oiga!"; qué es el waiter's friend? "Creo que me queda el comodín del público"; ¿Cómo se hace un Bloody-Mary? "Esta me la sé, que la miré ayer en internet"; ¿Cómo se hace un Gin-Tonic? "Vamos, no me jodas, un gin-tonic, chato, su propio nombre lo indica, ¿qué clase de pregunta es esta?"; ¿Por qué es importante hablar con la gente en los catérings y recepciones? "Porque si no, cómo voy a saber a quién darle mi curriculum" y, en fin, creo que ya os haréis una idea del examen.  


Desde entonces fui agraciado con un puesto en la lista de camareros texteables, y, por lo que se ve, tienen marcha, porque en estas dos semanas he trabajado bastantes jornadas -shifts- (yo os voy enseñando inglés práctico para pringados, just in case que algun@ no se tenga que venir detrás nuestro. Eso que lleva adelantado), entre el Waldorf-Astoria, el Sheraton y el Hilton Metropol. El trabajo está en general bien y en particular es una mierda. Tampoco es eso, solo que te cagas en la Commonwealth cuando te toca polishing durante 5 horas seguidas (una versión moderna de la gota malaya, que en el caso que nos ocupa consiste en  borrar a mano todas las marcas que dejan los lavaplatos industriales en la cubertería, los platos, los vasos o todos los anteriores del tirón). Es justo decir que ya tenía (una vasta) experiencia en el trabajo de camarero en sí y que, por lo que respecta a atender a los clientes, el quehacer nunca me ha desagradado y mi inglés es lo bastante bueno para desenvolverme con soltura y además mejora él solo inopinadamente. Por otro lado el nivel de razonamiento de algunos de los compañeros tiende a cero con alegre facilidad, lo cual me permite hacerlo  outstanding (notable, de cojones) a la vez que me provoca un instinto asesino más que justificado cuando paso con 15 platos y seis tazas, un número indeterminado de cubiertos, tres -putas- veces seguidas y veo al mismo patán con los mismos dos platos mirando bovinamente justo al lado contrario a donde está el mogollón, sentimiento que se incrementa exponencialmente si, sin querer, recuerdo que cobra exactamente lo mismo que yo o más, porque lo que es yo, cobro el salario mínimo. Otros compañeros de fatigas demuestran un dominio del oficio envidiable, todo hay que decirlo, y me darían sopas con ondas a mí y a cualquiera, salvo, quizás, al mentado Dani. Phillip, un inglés que ha trabajado siete años en la hostelería mallorquina y Jorge, un sevillano saleroso son ejemplos de estos últimos.



No os doy más la paliza por hoy. Tengo más cosas y quizá, si encuentro un rato, os cuelgue un nuevo capítulo pronto. Por cierto, por si alguien se lo pregunta el waiter's friend de marras es el sacacorchos ese que llevan los camareros de las bodas, que lo miré al volver a casa, ya sabéis, costumbres de estudiante :) Cada camarero debe aportar el suyo propio, yo me he comprado uno super-molón. Luego las botellas tienen tapón de rosca en todas partes. Of course.



dimarts, 12 de juny del 2012

Okupa Portobello

Perdonad que tarde tanto en postear, es que entre patear la calle por las mañanas y rellenar application forms por las tardes me planto en las 10 de la noche sin respirar. Sé que estáis ansiosos por enteraros de nuestras desventuras, un poco de paciencia, caramba.

El flujo de información respecto al mercado laboral Brit es confuso. Tenemos las estadísticas oficiales, que nos hablan de una bajada del paro del 0,2% con un aumento equivalente del empleo, lo que se traduce en 45.000 pringados menos en la cola. Buena noticia. Por otro lado a nuestro nuevo compañero de piso lituano, que trabajaba en una empresa de demolición, lo echaron taimada y alevosamente el lunes inmediatamente posterior a que le cayéramos nosotros encima. Mala noticia. La proximidad de los juegos olímpicos parece que debería tener animado el mercado, por lo menos en el sector de la hostelería, buena noticia. Pero multitud de griegos, portugueses, italianos y españoles vienen huyendo de la crisis económica y la corrupción política cada día. Mala noticia.

Entre tanto nosotros a lo nuestro. Como tampoco es cuestión de aburriros mortalmente con nuestros fútiles peregrinajes entre agencias, baretos y páginas web he pensado que os voy a contar una de las dos únicas  veces que hemos salido a cenar, desafortunadamente con emigrados del terreno, más o menos. Fue en un restaurante que está en Portobello y que se llama Galicia. Sí, había pulpo en el menú de tapas. Bravo. Portobello es un barrio muy bonito, donde está, según dicen ellos, el mercado de antigüedades más grande del mundo. La visita nos vino bien porque hicimos un contacto potencialmente interesante con un chico asturiano muy majo que trabaja de catador de café. Mola, ¿eh?. Es interesante el contacto porque su empresa se dedica al café de comercio justo, y también desarrolla proyectos en los países productores. Nos prometió pasarle nuestros currícula (toma palabra pedante, cómo disfruto) a la chica de recursos humanos. Pero lo que os quería contar de la cena no es eso, sino las barbaridades que hay que oír, a veces, en las sobremesas.


Había una chica checa, un hispano-brasileño, un burgalés y otra serie de extranjeros de países similarmente ajenos y exóticos. No voy a dar nombres en general porque es feo. Y en particular porque no me acuerdo. La cosa es que había una sección de la mesa que se definía enemiga de los impuestos y del Estado y otra, en la que Rosa y yo nos incluimos, claro, fan del Estado del Bienestar. El hispano-brasileño se definía libertario de derechas (raca), o sea de esos zumbados yanquis que esperan al cobrador de impuestos del barrio agazapados tras la puerta con la escopeta cargada de postas de sal. Ya conocía la tribu esta de los chiflados libertarios americanos gracias a Peter Bagge (No confundir con los genuinos anarquistas libertarios a la europea, los de  la CNT, Durruti, Bakunin, Kropotkin y Noam Chomsky que son los que molan, eh, los del movimiento okupa, Azagra, LaPollaRecords y eso. Estos son otros). Y, mientras tanto, agazapado en su trinchera de chorizos y bravas había otro energúmeno que opinaba que los paraísos fiscales son im-pres-cin-di-bles, con el peregrino argumento de que si no un carguero de petróleo que vendiera tres veces su cargamento en aguas internacionales por qué iba a pagar impuestos, y sobre todo, a quién (SIC). Lo más gracioso de todo es que uno de los defensores de los impuestos, o sea de los que estaban a favor del Estado y de pagar para tener sanidad y educación públicas, universales y gratuitas como yo, uno de los míos, de los buenos, vaya, me comentó después que él pagaba más en impuestos al mes que el salario completo de los otros dos iluminados, seguramente juntos. Y encima, al día siguiente, voy y me entero que uno de los dos lumbreras se había ido a España a operarse porque la sanidad británica era una mierda y no se fiaba. No me jodas, tú no eres libertario tú eres un jeta y un impresentable, cara de cemento tienen algunos, y falta de vara.


Sugerente logo de una de las empresas de colocación. Esta nos trató bastante bien
En cuanto a la búsqueda de empleo esta semana vamos cerrando el cerco: hemos estado en el JobCenter, también con resultados cuestionables, una lista de agencias de colocación del barrio y una sonrisa poco efectiva. Las agencias de colocación en cuestión, BrookStreet, Prime Time Recruiment, Team Support, Reed Specialist y Manpower UK no parece que nos vayan a resultar de mucha utilidad, aunque quizás esta impresión subjetiva se deba a la desconfianza arrastrada desde nuestra tierra y a diferencias culturales. O es que no damos el perfil. Bueno, en algunas es seguro que no lo dábamos (Una exigía para TODOS los trabajos llevar dos años trabajados en UK, nos ha hecho poner nuestros nombres y teléfonos en una libreta mostosa, sin dejar de escribir en su ordenador, ni mirarnos el careto, ni cogernos el CV) pero otras han sido más amables y nos han hecho breves entrevistas o, por lo menos, nos han preguntado qué trabajo buscábamos y qué experiencia y calificaciones teníamos. La que más se lo ha currado ha sido una señora rubia del gobierno local de Towerhamlets, un barrio de Londres. Ha sido muy amable y aunque seguir su inglés londinense ha sido una tortura, por lo menos se ha esforzado en entendernos y ha prometido intentar algo. Para Rosa que tiene National Insurance Number, porque yo, que aún no lo tengo (no me hace falta para encontrar trabajo, solo a partir de que me contraten) no me he podido inscribir. Ahora me queda la duda de si es eficiente ir al JobCenter e intentar conseguir el dichoso número o es más eficiente dedicar la mañana a entrar y salir de bares con cara de altamente explotable. Quizás la próxima vez os cuente lo de mi curriculum tróspido, pero esta vez no prometo nada, que luego me da pereza hablaros de eso y me siento obligado. Bona nit, gentola, aferraos a vuestros empleos como garrapata a lomo de avestruz.

divendres, 1 de juny del 2012

Mind the Gap

El resum no està disponible. Fes clic en aquest enllaç per veure la publicació.

dimarts, 29 de maig del 2012

Up to you

Caja pequeña de chicles Nicorette: 9,90€. Billete en RyanAir el día de la final de Copa: 22€. Abono semanal de Oyster zonas 1, 2 y 3: 34,95£. Levantarse cada día a las siete de un salto y llegar por la noche derrengado: ¡eso sí que no tiene precio! Vale, está manido el fake del anuncio de las tarjetas y ya es un poco cansino, pero la verdad es que no se paga con dinero (¡que sí, ama, se paga con dinero, lo sabemos!) el placer de que sea posible encontrar curro. No digo que lo vayamos a encontrar con facilidad (un sacrilegio execrable, merecedor del infierno ateo inmediato), ni siquiera puedo decir que lo vayamos a encontrar en absoluto, pero por lo menos puedo decir que lo podemos buscar donde lo hay. Ya es más que lo que hemos podido decir el último año y medio. Así que patas a la obra.


El capo de RyanAir haciendo gala de humor (¿?) inglés


Nuestras mochilas, vistas por RyanAir
RyanAir es otro mundo. Primero, en tierra, se empeñaron en que nuestras bolsas de mano, una sencilla mochila de portátil con una hermosa bandera del FSLN mal cosida encima y una ajada mochila de monte de 30 litros, no cabían en las especificaciones del billete. 50€ por barba para que cupieran o la opción que preferimos, aprovechando un despiste de la azafata-sargento-de-hierro que abroncaba a otro infeliz y no nos miraba: un poco de pierna y mucha voluntad hacen la mochila estrecha y/o el agujero del parabán ancho. Después, en vuelo unas azafatas que parecen estar haciéndote un favor por dejarte poner el culo en su cochambrosa teletienda voladora con los asientos sin numerar -nos tocó a tres filas de distancia uno del otro, por lentos- y una paliza de promoción tras promoción de las cosas más insospechadas. ¿Por qué venden boletos de una rifa? ¿Estamos todos locos? ¿Alguien compra esa mierda? Pero en fin, el avión antes o después aterriza. Menos mal que solo hacen viajes cortos, no quiero ni pensar lo que podría pasar si tuvieras que cruzar el océano, prohibido fumar todo el viaje, con los palizas estos vendiéndote colonias, boletos para una rifa y cervezas calentuchas a 4,50€.

Los italianos que te llevan barato de Stansted a Londres
En la frontera inglesa (un momento... ¿por qué tenemos que pasar por la frontera y dar explicaciones? ¿qué pasa con Schengen? ¡malditos guiris! Ah, no, GodSavetheQueen, sorry, que en realidad los jodidos no están en Schengen, primo) un simpático funcionario gordito y negro con un acento enrevesado nos desea suerte en nuestra búsqueda de empleo entre risas, no sé si por la catastrófica situación laboral de España, porque nos ha visto timoratos y apardillados o porque somos los emigrantes número un millón. La cosa es que estamos en Londres. O no. De momento estamos en Stansted y como el tren cuesta 22 pounds y el autobús, en la compañía más barata solo 9, pues al autobús. Un chico de acento italiano, piercings italianos y perillita italiana, con un inglés peor que el de Chiquito de la Calzada y que sospecho que era italiano, nos acomoda en una cola, luego en otra y nos tiene una hora esperando al bus. Coño, esto ya lo he vivido antes, pero es que ¡estaba en Nicaragua, huevón! Y al fin llegó el autobús, nos apilamos alegremente con otro montón de europeos del sur y nos papamos un atasco de mil pares de cojones (concretamente 40 kilómetros de atasco). Además hacía 26 o 27 grados, el cielo estaba despejado sin una cochina nube y los pasajeros chillaban como energúmenos, así que, la verdad, el cambio cultural lo pasamos sin enterarnos, oiga, capacidad de adaptación que tenemos.

Por fin, después de tener a nuestros respectivos amigos y cicerones Isaac (mío) y Merche (de Rosa) esperando durante más de una hora sobre el horario previsto -para cuando por fin llegamos ellos solitos se habían autopresentado y se estaban echando una cerveza en una terraza- desembarcamos en Liverpool Street y pudimos salir de la lata de bus, usar las rueditas de las maletas y sumarnos a la bienvenida que había empezado cabalmente sin los agasajados, y cuya alegría acabó cuando encontramos un bar de guiris (ostia, no, que los guiris somos nosotros) y estaban, efectivamente, poniendo la final de Copa.

Y en fin, está bien por hoy. En cuanto pueda volver a conectarme os explico cómo salimos huyendo a la carrera de una estación del metro en emergencia general. Y no era un simulacro. Promised.